Un atlante pasa por delante de una máquina de expender latitas de gaseosas. Se para, le pone una moneda y bonk! cae la latita. Así el atlante metió veintitrés monedas y tenía encima veintitrés latitas.

Resulta que se cruzan dos atlantes por la calle, y uno le grita al otro: - ¡Adiós, tocayo! - Y el otro lo saluda y se queda pensando: - ¡Hombre! ...¿¿¿cómo coños se llamaba este tío??? 

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